martes, 25 de noviembre de 2014

La _scriba


 xtraño scribir a mano sobr un cuadrno d  hojas amarillntas y llno d manchons de tinta.
 xtraño los trazos, grusos y rápidos sobr  l  rnglón; stampas mudas d prsonalidad. 
 xtraño no star n manos d los corts d luz,  
                                                             la batría, 
                                                                              l bacap 

o confinada a la fidlidad d las tclas con ltras d  mold 
 para podr scribir.





viernes, 10 de octubre de 2014

Luna nueva


Aburrida, sedienta, fue tragando una a una las luciérnagas, llenando sus fauces de luz por un instante antes de cerrar sus labios y hacer crujir a los insectos entre sus molares. Una a una, sin pensar, sin siquiera mirarlas. Sin escucharlas agonizar, sin sentirlas retorcerse de miedo sobre su lengua.

Al final de la matanza sólo le quedó la panza llena de linternas extintas y la noche oscura.







miércoles, 8 de octubre de 2014

La Nada del Todo


¿Y si el mundo en el que vivimos no existe? ¿Y si todo lo que creo sentir no es más que una mala pasada de mi imaginación, una artimaña barata, una ilusión producida por el pensamiento; por los deseos más profundo de vaya a saber quién? ¿Qué conseguiría si me animara a gritar, a exigir; si me animara a vivir por mí misma, si con sólo pronunciar las palabras exactas pudiera materializar aquello que creo desear? 
                                            
                                                    Jamás.

Teniéndolo delante, corporizado, real, al alcance de mis dedos, no sabría que hacer. No podría soportarlo. Adiestrada, ciega, por inercia le daría la espalda, me convencería de que no es suficiente, de que no me alcanza. Entonces seguramente empezaría a desear de nuevo otras cosas, otras vidas, otros sueños...para así poder seguir... 

(quejándome). 







lunes, 18 de agosto de 2014

Apocalipsis


Cayó la luna. El viento aturdió al tiempo, bailando en torbellinos de polvo y alientos de moribundos. Desbordó el mar estirando en un largo bostezo sus brazos el día que al fin despertó. La vegetación vegetativa vejó cada rincón con su furia destructiva, extendiendo todo su ser por las estructuradas ciudades, estampándolas de verdes y aromas, ahogando, asfixiando paredes, subtes, hombres. El suelo se sacudió como si lo que cargase sobre su lomo ya le hubiera colmado la paciencia. La oscuridad fue compañera del caos. El miedo, susurrante de perniciosos concejos. La muerte y tristeza, hermanas soberanas.
Ante el fin inminente, cuando el sol terminó de madurar y se extinguió, a pesar de todo, sonreí con la sensación de haber vencido a la adversidad.

Había amado y seguía haciéndolo.
El sentir me hacía inmune.





jueves, 7 de agosto de 2014

Contracorriente


Si saludar sin sentido a cada vuelta de la esquina dejara de ser un rasgo de educación, civilización y decoro moral (señal de buenas costumbres) para considerarse el  peor de los gestos tal vez no me molestaría tanto.
Al contrario.
Y es justamente la obligación forzosa lo que me lleva a rechazar un beso insulso o un alzar de manos. Lo que me causa urticaria. Es la imagen que se corporiza en los prejuicios de los ofendidos una vez que no cumplo con la norma lo que me lleva a no hacerlo. El preferir ser socialmente incorrecta a falsamente amable.






Letanías


Transformados en caminantes del cielo observamos con los ojos hacia atrás, sobre el hombro, sin apreciar la palma de nuestras manos. Miramos hacia el progreso sin sentir la vorágine de los espejos que cortan y refractan imágenes amorfas, difuminadas en su aparente inocencia.

Soñamos con el Más Allá sin sentir el smog que recubre nuestros pulmones, exhalado por la urbe. La sequedad de nuestra piel desteñida. La desolación de la tierra agrietada, sedienta. 




sábado, 26 de julio de 2014

Necrópolis


En esta ciudad de anónimos son muchos los necrófilos que se adoran
mutuamente. Muertos en vida practican un amor histérico, sentados
frente a máquinas dadoras de un falaz oxigeno. Títeres de
revistas del corazón y mensajes de texto, se juran fidelidad con la
lengua de otro zombie atravesada en la tráquea. Se miran sin ver, suponiendo
sin hablar. Especulan desde sus recintos conjeturando que
a su alrededor el putrefacto amado gira como un satélite con la cara
llena de cráteres por un acné adolecido. Murmuran romances dramáticos
sin la vitalidad simple del sentimiento genuino. Se creen
protagonistas de un gran film hollywoodense, meloso y patético.
Imitan sin sentir lo que se finge en las pantallas, en las veredas, en
las poesías más dulces y asonantes. Practican una necrolatría supraterrena
y juran en nombre de corazones atravesados por flechas
para después compadecerse, solitarios, arrastrando cadenas como
almas en pena por todos los rincones de una escenografía de ultratumba,
de cartón pintado y cartapesta.




miércoles, 23 de julio de 2014

Tijeras


Corté mis uñas por pulcritud, mi pelo por prolijidad, mi tiempo por productividad. Mis deseos, por pudor. Mis impulsos, por cobarde; por ser correcta, acorde, cuerda. Por ser eso que todos esperan.
Respirar a destiempo no es bueno. No es aceptable. No es normal.
Acorté mis anhelos por ajustarlos a la medida de mis medios. Deseché mis ansias para mantener  mi pulso estable, pausado. Equilibrado.
Dejé de amar para poder seguir. Sola.
Me olvidé de respirar en pos de la perfección, del molde que elegí. Ese al que me adecué, por el cual corté mis pies para que ya no caminaran a su antojo. Corté mis manos para que, reducidas a muñones, dejaran de crear. Corté mi voz para que, muda, fuera sumisa, no pudiera gritar más. Cosí mis labios, me envolví en la telaraña que con tanto esfuerzo tejí a mí alrededor y dormité.

Sí, así. Así fue como transformé mi libertad en un ataúd. 




Duermevela


Te guardé sin querer en el reverso de mis parpados.
Me basta fingir fatiga y cerrarlos al Mundo para contemplarte, encontrarte. Percibirte como un recuerdo mudo y dinámico. Equilibrista que juega sobre mi cornisa entre el sueño y la fantasía. Una figura difusa de la piel que rocé y sentí alguna vez.




viernes, 11 de julio de 2014

BLISTER!


Después de varias idas y vueltas, y gracias a Llantodemudo Ediciones, por fin puedo decir que la fecha ha llegado: el próximo jueves va a ser la presentación de mi primer libro!! 

Así que espero verlos ahí! A los que disfrutan de lecturas y todas esas yerbas, para compartir un poco de lo propio. Y a los que no...para pasar el rato, vino de por medio.


Jueves 17 de Julio- 19hs
Museo Genaro Perez. Av General Paz 33,  5000 Ciudad de Córdoba. 







Hospitalaria burocracia


Una vez sellado y firmado el último papelito el camino por fin quedó libre para su traslado y las puertas de la ambulancia se abrieron de par en par para acunarlo.
Lástima. Él llevaba ya varios días muerto.


lunes, 7 de julio de 2014

Humahuaca


Mientras espiaba la calle vestida de apagón, sentada en el escalón de donde pedí unas empanadas, los tres hermanitos se me acercaron parar charlar a media vos, bajito, en un monólogo lleno de ojos abiertos grandes a más no poder y gesticulaciones de manos sucias, blancas de talco.
Los dos más chicos se interrumpen y ríen. Entiendo apenas lo que me quieren contar. La carita redonda, de tez trigueña. Nacidos en el corazón del norte no cuentan con más de cuatro años entre estas callecitas, cuidados por el Indio que se alza guardián sobre el pueblo. La más grande vigila. Sonríe y habla solo con la mirada. Su perfil se recorta en la luz que se escapa desde adentro del puesto, junto con el olor a cebolla y frituras. Hay un eco apagado del relator de un partido en blanco y negro. Un perro pasó de largo, adentrándose en la nada. Sus uñas iban apuradas raspando el empedrado. Un foco de luz apenas lo delató una cuadra más allá antes de que doblara la esquina.
Sin que me diera cuenta el menor se sentó a mi lado, bien cerquita. En un susurro me contó su nombre y, antes de irme, con los ojos vueltos a la negrura, me pidió que tuviera cuidado. Que los diablos andaban sueltos. 








domingo, 6 de julio de 2014

Cuchillas desafiladas


Licue mi corazón en medio litro de agua con miel y un poco de ralladura de limón. Dos minutos después lo volví a beber sin pausas, sin respirar.  

Dudo que licuado se atreva a amar una vez más. 




domingo, 29 de junio de 2014

Desconectado


Apagón. Con los ojos cristalizados, abrió y cerró la boca como un pez fuera del agua, agonizante. Pasaron unos segundos…

Cuando volvió la luz lo encontraron muerto aferrado al mouse.

miércoles, 18 de junio de 2014

Antesala


Una vez que dejó de exhalar y los ojos se le cristalizaron hubo llanto, un cajón y la prolija tumba cavada a medida. Días de recuerdos benévolos. Silencio.
Seguramente todos, como los miembros de cualquier otra familia común, hubieran preferido con el paso de las semanas volver al vacío de la rutina. Pero a pesar de estar muerto su manía de arrastrar las chancletas por el pasillo al volver de buscar el diario era audible todas las mañanas, y largas fueron las discusiones entre madre e hijo al sentir constantemente un olor potente a humo de cigarrillo en  las distintas habitaciones. Ese hedor que llenaba los pulmones de la casa de un cáncer invasivo. Nunca hubo colillas ni rastros de ceniza. Sólo el tufo penetrante de tabaco negro fumado uno atrás otro sin respiro, que se impregnaba en la ropa, las pantallas de los veladores, los cubrecamas; que ahogaba los poros de los libros cada vez que sus páginas eran abiertas.
Las peleas fueron olvidadas la tarde que ambos entraron discutiendo en la cocina y por un instante lo vieron apoyado en el alfeizar contemplando el patio del fondo. Más allá su viuda colgaba ropa recién lavada con la lentitud propia de la vejez 
El escepticismo, sin embargo, los condenaba a preferir no creer del todo lo que pasaba  así que decidieron tácitamente seguir ignorando al anciano. Pensaron que de esa forma se hartaría de dar vueltas por la casa. Que en algún momento descansaría en paz, allá lejos, en el cementerio donde fue dejado al abrigo de las entrañas de la tierra y la humedad.
Ella sabia que no sería así. Era la única que había percibido cómo el tilo que su esposo plantó al construir la casona dejó caer lentamente sus hojas hasta quedar expuesto. Cómo cambió su follaje por una piel agrietada, gris, y los miles de brazos extendidos, desnudos hacia arriba, ahora lastimaban  a las nubes que se atrevían a sobrevolarlo.
Jamás lo talaron. Por orden suya el árbol muerto nunca fue tocado.
Con los años ellos pronto se acostumbraron a ignorarlo. Hacer como que no existía. A hablar sobre él sólo en pasado. No querían verlo paseando por el fondo, evitando que la gramilla creciera en los canteros, ni lo escuchaban cuando susurraba algún buen movimiento mirando el tablero de ajedrez por encima del hombro de los jugadores. No sabían que por las noches se sentaba a los pies de su cama y sonreía al verla dormir.
Tiempo después, cuando ella decidió no esperar més y se quedó profundamente dormida; cuando el tilo de la noche a la mañana reverdeció en todo su esplendor envolviéndolos con un perfume penetrante que suplantó al del tabaco negro. Cuando todo quedó en silencio, estático, tieso, ellos advirtieron que no fue su indiferencia lo que obligó al anciano a desistir. Sólo entonces comprendieron que él había decidido demorarse lo que fuera necesario. Esperarla para no cruzar solo al otro lado.


lunes, 16 de junio de 2014

Murallas


Cara de póker al salir, al tomar clases de yoga y trigonometría. Al subir al metro, al tragar un café de paso. Al asistir a misa o al teatro o a una ejecución donde la guillotina cercena irrealidades en la peatonal. Al almorzar, cenar y merendar. Al devorar poemas susurrados por un ciego al ritmo de las monedas de su limosna, su ganancia. Al bailar y beber hasta las nauseas. Al anónimo invisible; manos y labios en la negrura de un cielo raso durante retruques sobre sábanas ajenas.  Al dormir entre pesadillas con los pies helados dentro de los charcos que dejó una lluvia sorpresa. Al pasear  las yemas de los dedos por lomos de libros comprados y expuestos, vírgenes, en una biblioteca impecable. Templo de lo no sabido. Pantalla de un tal vez.
Cara de póker ante la vida fingida y  rutinas apolilladas. Las ausencias de risas espasmódicas, el esmog pegado en la punta de la nariz. Los lápices enanos devorados por el sacapuntas. La luna velada por esta luminosidad que transmuta todo con su halo anaranjado, eléctrico; papel film de lo olvidado, lo guardado para un después. Memorias llenas de moho y melodramas asonantes.
Cara de póker ante la mimética mímesis de raquíticos pierrots. 


lunes, 9 de junio de 2014

Matrioshka


Cuando terminó de desvestirla, deshojarla,  de despojarla de las mil capas que al final escondían su figura pequeña, indefensa, se dio cuenta de que ya la amaba desde mucho antes de desmenuzarla. Desde mucho antes de examinar hasta el último detalle; llevado por un voluble capricho. 


viernes, 6 de junio de 2014

Lotófagos


Me olvidé de todo.
Hasta de lo que quería guardar para evocarlo cuando el tiempo fuera más claro.
Más firme, lejano. Exógeno. Distante.
Olvidé todo para perder el olor a destiempo.
Para alejarme de las ristras de ajo, los crucifijos y cruces de sal. Las escaleras de pintor de brocha gorda. Los gatos negros y grillos. Todo lo borré para ya no saber que mis barajas marcadas volvieron a salir, burlonas y sin piedad, sobre el paño de la adivinación.
                                                                   No quiero saber nada más.
                                                     No quiero saber que volveré…
                                        como siempre…
                       a tropezar con vos.
Te olvidé por sentir que aunque cambies de rostros, de vidas, de escenarios y modus operandi sos siempre el mismo disfrazado de novedad. El que me desgarra, desarma, deshoja y desampara en una realidad de espejos trizados, empañados por el paso del tiempo.

Olvidando cuando retornes todo parecerá nuevo.
Incluso el dolor.






lunes, 2 de junio de 2014

Panópticos


El ventanal abarca todo el largo de la sala. Suspendido en un tercer piso parece un ojo inmenso. Una fotografía panorámica de dos edificios que están en frente. Cruzando la calle.
Olvida las voces de la conferencia y el retumbar del micrófono. La pantalla más allá del ventanal le permite espiar diferentes escenas. La tarde se oscurece y algunas ventanas, iluminadas de repente, dejan en evidencia a sus habitantes como si fueran muñecos con vida propia que actúan en la ignorancia de que alguien más los observa desde el frente. En el segundo piso una mujer discute con alguien escondido tras la pared. Ve su pelo moverse al ritmo de unas manos nerviosas, indignadas. Un piso más arriba, a la izquierda, un joven apaga el velador y se asoma encendiendo un cigarrillo. Su figura pasa a ser denunciada entonces por el punto rojo que va de su boca al marco donde está apoyado mirando hacia el vació, hacia la calle.
Encima del departamento en alquiler, oscuro y sin vida, una joven acaba de llegar, tal vez de su laburo. Ha encendido todas las luces y se pasea de una ventana a otra. Al volver de la última nota que sus movimientos son más epilépticos, como si bailara una música muda. La observa con culpa, maravillada de que la inocencia de no saber que está siendo observada la lleve a retorcerse feliz y gritar en silencio mientras comienza a desvestirse y desaparece de escena.
La mujer de abajo ha dejado de discutir. En esos segundos en que la dejó suspensa, distraída en los otros, algo dio un evidente giro en la conversación porque al parecer se ha quedado sin interlocutor y llora hipando mientras cierra las cortinas.
El hombre del cigarrillo desapareció. Evidentemente terminó de fumar. O tal vez se le acabó el pucho y sigue ahí, espiando el mundo. Igual que ella. Tal vez mira hacia el ventanal del museo donde varias personas están ordenadamente sentadas mirando hacia adelante con cara de seriedad y grave entendimiento.
Algunas otras luces se fueron prendiendo, habilitando a su curiosidad nuevos escenarios, nuevos personajes a los cuales imaginarles arbitrarias biografías. Pero la amenaza latente de que alguien esté pendiente de su comportamiento en el recuadro del tercer piso la ha llevado a sentarse derecha, mirar al frente y poner cara circunspecta, de entendimiento y concentración.     






miércoles, 28 de mayo de 2014

Un trámite



Me he convertido en un papel en blanco. Sin líneas ni membretes. Corriendo de un lado hacia otro, golpeando puertas a gritos pelados sin escuchar que ningún alma piadosa desande las dos vueltas de llaves y me reciba, cobijándome los segundos que tarde en entintarme de pies a cabeza, sellando toda mi piel con escudos, nombres y títulos de extraños para luego despacharme otra vez a un laberinto de pasillos ciegos.




martes, 27 de mayo de 2014

Abandono de hogar


El silencio reina en los espacios designados, ambientes que estaban allí como escenario de sus días, como celdas sin barrotes. Espacios donde los minutos se espesaban y la vida corría rápido. Sobre la mesa los restos de un par de migas y una fotografía rasgada, convertida en el rompecabezas de algún recuerdo. El vientre de los placares hambrientos. Los cajones huérfanos. La luz blanca que late, se vuelve intermitente con el girar constante del ventilador que se marea traspasando el aire caliente de un extremo a otro.
El timbre suena dos veces. Nadie corre a atenderlo.
La lista de las compras pende de un imán, olvidada en la puerta de la heladera, junto a los impuestos sin pagar. La ropa ha quedado sucia en la cesta para lavar. La cena sin preparar.








domingo, 25 de mayo de 2014

El coro


En el centro de la escena, vestida de negro, impecable y de talla pequeña, demuestra presencia. Un acá estoy demasiado intenso para pasar desapercibido. La cabeza en alto. El porte de un dictador afeminado, una amazona presa del enanismo congénito.
Como una encantadora de serpientes suspira y comienza, quebrando con su pantomima el silencio de la sala. El grupo no pierde de vista sus movimientos. Sus manos acarician el vacío con dulzura. Extraen de cada garganta los sonidos, transformándolos en armonías melodiosas. Las notas parecen correrla, apurar sus contorsiones. Y en su carrera mira inquisidora e insistente a la muchedumbre que tiene delante para que sólo exhalen lo que sus dedos a cada señal requieren. Sólo eso.
El publico, estático, escucha en un sopor fuera del tiempo mientras ella se agita, sonriente, llena de placer. Bajo su poder, con el solo lenguaje de sus manos, los coristas permanecen en trance, hipnotizados. Acataran ordenes mudas durante varios minutos, hasta que el final del programa y el eco de acalorados aplausos los devuelvan a la realidad y deban inclinarse para saludar.