miércoles, 28 de mayo de 2014

Un trámite



Me he convertido en un papel en blanco. Sin líneas ni membretes. Corriendo de un lado hacia otro, golpeando puertas a gritos pelados sin escuchar que ningún alma piadosa desande las dos vueltas de llaves y me reciba, cobijándome los segundos que tarde en entintarme de pies a cabeza, sellando toda mi piel con escudos, nombres y títulos de extraños para luego despacharme otra vez a un laberinto de pasillos ciegos.




martes, 27 de mayo de 2014

Abandono de hogar


El silencio reina en los espacios designados, ambientes que estaban allí como escenario de sus días, como celdas sin barrotes. Espacios donde los minutos se espesaban y la vida corría rápido. Sobre la mesa los restos de un par de migas y una fotografía rasgada, convertida en el rompecabezas de algún recuerdo. El vientre de los placares hambrientos. Los cajones huérfanos. La luz blanca que late, se vuelve intermitente con el girar constante del ventilador que se marea traspasando el aire caliente de un extremo a otro.
El timbre suena dos veces. Nadie corre a atenderlo.
La lista de las compras pende de un imán, olvidada en la puerta de la heladera, junto a los impuestos sin pagar. La ropa ha quedado sucia en la cesta para lavar. La cena sin preparar.








domingo, 25 de mayo de 2014

El coro


En el centro de la escena, vestida de negro, impecable y de talla pequeña, demuestra presencia. Un acá estoy demasiado intenso para pasar desapercibido. La cabeza en alto. El porte de un dictador afeminado, una amazona presa del enanismo congénito.
Como una encantadora de serpientes suspira y comienza, quebrando con su pantomima el silencio de la sala. El grupo no pierde de vista sus movimientos. Sus manos acarician el vacío con dulzura. Extraen de cada garganta los sonidos, transformándolos en armonías melodiosas. Las notas parecen correrla, apurar sus contorsiones. Y en su carrera mira inquisidora e insistente a la muchedumbre que tiene delante para que sólo exhalen lo que sus dedos a cada señal requieren. Sólo eso.
El publico, estático, escucha en un sopor fuera del tiempo mientras ella se agita, sonriente, llena de placer. Bajo su poder, con el solo lenguaje de sus manos, los coristas permanecen en trance, hipnotizados. Acataran ordenes mudas durante varios minutos, hasta que el final del programa y el eco de acalorados aplausos los devuelvan a la realidad y deban inclinarse para saludar.