lunes, 18 de agosto de 2014

Apocalipsis


Cayó la luna. El viento aturdió al tiempo, bailando en torbellinos de polvo y alientos de moribundos. Desbordó el mar estirando en un largo bostezo sus brazos el día que al fin despertó. La vegetación vegetativa vejó cada rincón con su furia destructiva, extendiendo todo su ser por las estructuradas ciudades, estampándolas de verdes y aromas, ahogando, asfixiando paredes, subtes, hombres. El suelo se sacudió como si lo que cargase sobre su lomo ya le hubiera colmado la paciencia. La oscuridad fue compañera del caos. El miedo, susurrante de perniciosos concejos. La muerte y tristeza, hermanas soberanas.
Ante el fin inminente, cuando el sol terminó de madurar y se extinguió, a pesar de todo, sonreí con la sensación de haber vencido a la adversidad.

Había amado y seguía haciéndolo.
El sentir me hacía inmune.





jueves, 7 de agosto de 2014

Contracorriente


Si saludar sin sentido a cada vuelta de la esquina dejara de ser un rasgo de educación, civilización y decoro moral (señal de buenas costumbres) para considerarse el  peor de los gestos tal vez no me molestaría tanto.
Al contrario.
Y es justamente la obligación forzosa lo que me lleva a rechazar un beso insulso o un alzar de manos. Lo que me causa urticaria. Es la imagen que se corporiza en los prejuicios de los ofendidos una vez que no cumplo con la norma lo que me lleva a no hacerlo. El preferir ser socialmente incorrecta a falsamente amable.






Letanías


Transformados en caminantes del cielo observamos con los ojos hacia atrás, sobre el hombro, sin apreciar la palma de nuestras manos. Miramos hacia el progreso sin sentir la vorágine de los espejos que cortan y refractan imágenes amorfas, difuminadas en su aparente inocencia.

Soñamos con el Más Allá sin sentir el smog que recubre nuestros pulmones, exhalado por la urbe. La sequedad de nuestra piel desteñida. La desolación de la tierra agrietada, sedienta.