domingo, 22 de febrero de 2015

Verano


            Tres pares de pies juegan a hacer  equilibrio sobre la línea blanca que demarca el fin del pavimento. La ruta está desierta. El calor de la siesta es sofocante. A paso tranquilo, sólo miran hacia atrás cuando escuchan a lo lejos el rumor del viento pegando en las ventanillas, silbando asonante junto al ruido de un motor. Levantan la mano, hacen dedo. El auto pasa y siguen jugando.

            El monte se recorta sobre las sierras verdes, aterciopeladas. Por encima, más allá, un cúmulo de nubes demasiado blancas.  Los bichos vencen al silencio y cantan. Mientras, sobre el pavimento, tres sombras avanzan lento y sus pies se desdibujan en la gramilla gris que apenas se mese por la brisa. 





viernes, 13 de febrero de 2015

Sociabilizado


Llegó corriendo y  se encerró en el baño. El laburo esa mañana le había resultado demasiado tedioso. Necesitaba liberarse de su Yo de afuera. La casa estaba sola, tranquila, segura.
Se inclinó sobre el inodoro y metió dos o tres dedos en su boca, forzándolos a llegar más allá, como si intentara tragarlos. Poco a poco sintió como dentro de su cuerpo algo se despegaba, separándose de la piel que lo recubría.
Primero asomó un brazo, luego el otro y apoyado sobre la mandíbula inferior,  como si fuera a salir desde el borde de una pileta, sacó por esas fauces la cabeza, el tronco…y a medida que los pies se desinflaban, las piernas, el cuerpo entero, dejó en su traje los prejuicios y posturas impuestas. Al extraer el segundo pie de su anterior boca respiró hondo, sonrió y colgó su otro Yo de una percha para que no se arrugara. Para así poder usarlo cuando volviera a salir a la calle.