domingo, 22 de febrero de 2015

Verano


            Tres pares de pies juegan a hacer  equilibrio sobre la línea blanca que demarca el fin del pavimento. La ruta está desierta. El calor de la siesta es sofocante. A paso tranquilo, sólo miran hacia atrás cuando escuchan a lo lejos el rumor del viento pegando en las ventanillas, silbando asonante junto al ruido de un motor. Levantan la mano, hacen dedo. El auto pasa y siguen jugando.

            El monte se recorta sobre las sierras verdes, aterciopeladas. Por encima, más allá, un cúmulo de nubes demasiado blancas.  Los bichos vencen al silencio y cantan. Mientras, sobre el pavimento, tres sombras avanzan lento y sus pies se desdibujan en la gramilla gris que apenas se mese por la brisa. 





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