martes, 21 de febrero de 2017

Sinécdoque




Tres termos de mates. Tres termos de mates nos bajamos hablando tonteras. Tres veces pusimos la pava y de tanta cháchara en las tres ocasiones se nos hirvió el agua y nos quemamos el paladar, y las lenguas siguieron sus contorciones ardidas sin cercenar la charla.
El sol se apagó. La calle parecía una maqueta monocromática cuando abandoné tu casa. Y en el pedalear hasta mi barrio olvidé de qué tanto hablamos. Olvidé los tres termos de mate, la tarde cálida, los ladridos de los perros. Lo único importante de nuestra juntada era la foto. Esa que me apresuré a buscar cuando llegué a casa y que admiré mientras prendía la compu y conectaba el USB. Esa que etiqueté y publiqué pública para que todos se enteraran de lo increíble que la habíamos pasado filosofando toda la tarde, la gran amistad que compartimos, lo interesantes que somos.
Una vez subida, después de un par de likes, me olvidé de mi vejiga llena de agua de mates lavados, nuestra conversación y los problemas o alegrías que me contaste.
Tal vez dentro de un par de meses vuelva a visitarte para sacarnos otra selfie.




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