martes, 27 de enero de 2015

Marketing


Es fácil comprobar que el mundo es en sí mismo una gran mentira (dirían los pesimistas): basta con visitar los stands de alguna feria o hurgar los estantes de una librería. ¿En qué realidad paralela seudocósmica es creíble que un volumen de novecientas paginas, con hojas prensadas, asfixiadas en su transparencia, donde los renglones del frente se entrelazan a trasluz con los del reverso, provocando una sopa de letras que deriva en una infinidad de caminos paralelos de oraciones truncas y subordinadas al infinitum,  se auto catalogue como edición de bolsillo? ¿En qué bolsillo común y corriente cabría cómodamente un ladrillo literario de semejante envergadura?








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